El universo de las empanadas es casi tan amplio como el de los vinos. Es por eso que, desde Las Empanadas, consultamos a cuatro sommeliers para que nos cuenten sus maridajes favoritos entre distintas cepas y algunas de las empanadas más características de diferentes regiones del país.

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Tucumanas de carne. “Definitivamente, cuando hablamos de platos tan típicos de un lugar, lo primero que se me viene a la mente es un vino local. Tucumán está produciendo actualmente tintos interesantísimos”, apunta el sommelier Mariano Braga.
Así, para él, un Cabernet Sauvignon tucumano sería un complemento perfecto para la empanada típica de la provincia. “Sobre todo por esa nota de pimentón tan característica de los tintos de la zona que acá se va a ver subrayada todavía más por el uso de ese condimento en la preparación”, explica.
Para los que busquen una opción más suave de tinto, Mariano recomienda la familia de las Criollas, con las que se suelen elaborar vinos de color pálido y muy fáciles de beber. “Una Criolla con estas empanadas sería la gloria misma”, asegura.
Y, finalmente, yendo al terreno de los blancos el Torrontés no se escapa. “Tucumán está haciendo muchos y muy buenos”, advierte Mariano. “Un blanco suele ser una excepción para una empanada de carne roja, pero el carácter floral del Torrontés logra un punto de unión genial con el picante del ají molido”.

De cordero. Las empanadas de cordero son un gran aporte patagónico a la gastronomía argentina: el sabor potente de la carne ofrece un manjar ideal para los meses fríos. Mucho más cuando, como es costumbre en un buen puñado de cocineras y cocineros de la región, se las condimenta con merkén, picante tradicional mapuche que mezcla varias especias, con el ají cacho de cabra como base.
Para la sommelier Natalia Beneitez, si la empanada de cordero lleva merkén la compañía ideal va por el lado de los vinos blancos o rosados con buen cuerpo. “Me parece ideal un Roussane-Marsanne de la zona de Chacayes (Mendoza) o un Blanc de Noir de la zona de Salta”, explica.
El Roussane y el Marsanne, cepas tradicionales de la zona del río Ródano, en Francia, usualmente son ingredientes conjuntos en blends blancos elegantes, con buena acidez y notas frutales a pera. Los Blanc de Noir, como su nombre lo indica, son vinos blancos obtenidos a partir de uvas tintas con perfil intenso y potente.
“Y si no tienen merkén ni ningún condimento picante, sugiero un vino de la cepa Bastardo o Trousseau, de la zona de Río Negro”, agrega Natalia. “Los malbec también van bien al igual que los Pinot Noir de Trevelin”.

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Salteñas de carne, queso o humita. El trabajo de la sommelier Maya García la lleva muy seguido de viaje a Salta, un auténtico paraíso de las empanadas. Y aunque la provincia es hogar de algunas de las empanadas de carne más famosas de la Argentina, su universo no termina ahí.
“Cuando voy a Cafayate tengo un ritual: llego al hotel me pido una copa de Torrontés y unas empanadas de queso con ají. Es como mi bienvenida”, revela Maya apuntando también que esa cepa marida de manera excelente con otro éxito del Noroeste argentino: las empanadas de humita, donde el choclo rallado manda con su sabor dulzón, acompañado por cebolla, morrón rojo y pimentón.
Sin embargo, para el que no quiera perderse las empanadas de carne, la sommelier sugiere -más si vienen acompañadas por salsita picante- un Garnacha.
La cepa más cultivada en España y también con extenso cultivo en Francia, en nuestro país viene ganando muchos adeptos en años recientes gracias a los tintos livianos, de acidez marcada aunque agradable y toque floral que da a luz.

De pescado o mariscos. En el Noreste argentino, en ocasiones el tradicional relleno de carne vacuna de las empanadas es suplantado por los pescados de río que abundan en la región, como el dorado, el pacú o el surubí.
“Existe el mito de que el pescado va siempre con vino blanco. Para mi es un poco simplista, en el universo de los pescados hay tanto suaves como intensos, y cambian mucho según la preparación. Todo eso puede influir en el maridaje”, explica la sommelier Mariana Gil Juncal.
Así, en pescados de sabor suave, recomienda vinos blancos pero con cuerpo. “Mucho más si la preparación incluye cebolla o algún sofrito. Tal vez el vino puede tener un paso por madera: un Chardonnay sería ideal”, agrega.
Mientras tanto, en pescados más intensos, la sugerencia de Mariana son los rosados o los tintos ligeros de cepas como la Criolla o el Pinot Noir. “En este caso el vino debe tener un poco más de estructura pero seguir siendo fresco”, apunta.
Finalmente, para acompañar las empanadas de mariscos que pueden degustarse en la Patagonia, la sommelier apunta como al Sauvignon Blanc, con “acidez y frescura que acompañan súper bien”.