Las empanadas campeonas de la mendocina Chacha Vicario

María del Carmen “Chacha” Vicario es una auténtica campeona. En el 2019, durante la primera edición de la Fiesta de la Empanada organizada por BA Capital Gastronómica y la Feria de Mataderos, se llevó el primer premio en el Campeonato Federal de la Empanada.

Oriunda de Tunuyán, Mendoza, cocina hace 17 años en la Casa del Visitante de la bodega Santa Julia (Familia Zuccardi). Comenzó su camino en el puesto de bachera aunque siempre se acoplaba a las tareas de cocina para dar una mano. A pocos meses de su incorporación le ofrecieron convertirse en ayudante de cocina y fue allí cuando hizo notar su mano en la receta de las empanadas.
“Para que salgan bien hay que respetar siempre bien las proporciones, la cantidad de ingredientes y los tiempos de cocción”, advierte Chacha poniendo la prolijidad al frente.
Su relleno comienza con grasa derretida, en la que rehoga cebolla cortada en juliana. Después, incorpora lomo veteado cortado a cuchillo y sal a gusto. “A la mitad de la cocción, sumamos pimienta, orégano, ají y pimentón. Y una vez terminado, se apaga la hornalla y agregamos la cebolla de verdeo”, explica.
Es en este punto donde aparece en escena el gran secreto de Chacha: un chorrito de aceite de oliva que, según asegura, “le da un toque distinto a la empanada”.


Mientras el picadillo se enfría, llega el turno de la masa elaborada con harina a la que se le incorporan sal, manteca y grasa derretidas, y agua. “No debe ser una masa dura ni muy blanda, un término medio”, explica la cocinera. “Hay que dejarla descansar una hora, armar un bollo y estirar a lo largo. Luego, se le pone una capa de maicena, se hace un doblez en la masa, se aprieta y se la lleva a descansar a la heladera, durante un día o una hora según cuándo se necesite armar las empanadas”.
Esta especie de hojaldrado le da a la masa de las empanadas de Chacha una textura incomparable, reforzada por la cocción en horno de barro: su consejo es calentar el horno braseándolo y luego retirar las brasas