La aparición de Las Chicas de la 3, el puesto gastronómico que Pato Rodríguez y Romi Moore comandan en el Mercado Central, en la serie de Netflix Street Food Latinoamérica tentó a miles de televidentes a través de su gloriosa tortilla de papas rellena de jamón y queso.
Pero las magias de la pareja no se agotan ahí: también tienen un menú de empanadas amplio con sabores que demuestran su constante vocación de darle un toque gourmet a la comida al paso.

“La empanada es algo que tenemos incorporados desde chiquitos: están en todos los cumples junto con los sanguchitos de miga. En las casas se cocina siempre, es simple de preparar y no es una comida pretenciosa”, valora Pato. “Además, conecta con la cultura federal: cada provincia tiene su empanada casi como bandera y todos reconocen alguna como propia”.
Carne clásica; verdura y queso; jamón y queso; mix de vegetales; pollo, brócoli con panceta y brócoli con zanahoria son la base del repertorio empanaderil de Las Chicas de la 3, a la que se suman más creaciones imaginativas como el roll de masa de empanada con zapallitos, la “panchito” (favorita del público infantil con salchicha, jamón y queso), la de carne con panceta y cheddar, o la Cuarto de Libra, recreando el sabor de la icónica hamburguesa.

“Son muy fuertes en el puesto, un caballito de batalla: son gigantes (con disco de masa de 14cm, pesan 130 gramos por unidad) y todos nos dicen que son sabrosas”, cuenta Pato.
Una de las grandes inspiraciones de las cocineras son los platos cotidianos de la comida casera para idear empanadas como la de zapallito, carne y queso emulando al zapallito relleno; o la “raviolona” con verdura, jamón y queso, que a veces suma nueces. “Como lo nuestro es al paso no hay mucho tiempo de servir platos de olla, así que tratamos de meter todo un plato dentro de una empanada”, resume Pato.
Todas están dinamizadas por la inquietud constante de mantener la atención de un público cautivo: los trabajadores del Mercado para quienes las chicas son parte de la familia. Esta relación cercana les permitió educar a su manera los paladares de sus clientes.

“A las empanadas que se salen de lo clásico, especialmente a las de verdura, las tenés que vender. A las otras simplemente las despachás”, explica Pato. “Hay un compromiso nuestro: invertimos una empanada sin cargo por cliente cuando lo vemos dudar si elegir un sabor distinto. Dejamos que se la lleve gratis y la pruebe, y siempre la terminan pidiendo después”.
Más allá del gran abanico de variedades, Pato y Romi se trazaron pilares de calidad que respetan a rajatabla: para las de carne utilizan siempre los mismos tres o cuarto cortes de carne, favoreciendo la bola de lomo porque se aprovecha casi en su totalidad, y la pican ellas mismas. Además, utilizan hace dos décadas el mismo proveedor de tapas y nunca utilizan ingredientes que sobraron de la elaboración de otros platos. “La calidad de la materia prima es el puntapié de un producto exitoso”, subrayan.